El Diablo

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Este juego es muy moderno y exige un jardín, patio o campo raso, porque corren riesgo con él los muebles de una pieza. Se compone de dos bolas huecas de madera, de metal, de bambú y aun de cristal, separadas una de otra por un cuello angosto: cada una tiene un agujero en situación contrapuesta; y este juguete se coge por en medio con una cuerda fija a dos palitos que se manejan con cada mano, y en medio debe colgar el diablo. Levantando y bajando rápidamente cada una de las varillas, cuya longitud es como de un codo, se logra poner al diablo en movimiento de rotación muy rápido y ruidoso. Así gira en fuerza de su mismo movimiento sobre la cuerda, y se le puede arrojar en alto y aun a veinte y treinta pies de elevación, y volverle a coger siempre girando sobre la cuerda; pero exige que se juegue a campo raso, y que el jugador sea fuerte y diestro.

Es tal la rotación que se le imprime, que aunque salga de la cuerda sigue girando por el suelo. Este juego vino de las Indias, y es conocido en Francia de quince años a esta parte, aunque treinta antes ya habían enviado su diseño a Mr. Bertin. Como necesita mucha destreza, ha picado el amor propio de las damas, y se ha hecho de moda. Las personas de alto tono lo han adoptado : los niños, hacen de él sus delicias, y desde la hoja de lata hasta las materias más preciosas, todo se ha empleado para construir este juguete.